CULTURA – Adiós a Quino: cómo fueron las últimas horas del creador de Mafalda

01 de Octubre 2020 — radiopiratapuntano.com.ar

Vivía en una casa frente a la cordillera, cerca de sus sobrinos y acompañado por sus personajes. Tenía la enfermedad de Parkinson y sufrió un ACV, diez días atrás.

“Se fue tranquilo”, dice a Clarín Julieta, la sobrina de Quino, el autor de Mafalda. Vivía en Mendoza, frente a la cordillera de los Andes, vivía tranquilo, como se merecía. “Tranquilo y en familia”, dice Julieta. En la provincia donde había nacido y que decretó Duelo Provincial por 24 horas.

Quino tenía una casa en el barrio privado Rincón de Araoz, en Luján de Cuyo, a una media hora de la ciudad. Muy linda y muy cómoda, dicen los amigos. La había comprado con Alicia, su mujer, para ir en los veranos, en principio, y alguna vez mudarse para allá pero en 2017 ella murió y él se instaló en esa casa solo, cerca de sus sobrinos, que lo cuidaron. No quería entrevistas -nunca le habían gustado-, resistió, resistieron, todos los intentos de ir a hacer con él una nota. “Vivía solo, muy cuidado, tenía gente que lo atendía en una casa muy amplia”, contó a Clarín su editora, Kuri Miler.

En la pared del comedor tenía un retrato de su adolescencia, un regalo de su tío Joaquín Tejón, el pintor que inspiró su vocación de dibujante. Sus personajes entrañables estaban una estantería: una colección en miniaturas que lanzó Clarín de Mafalda y sus amigos.

En esa casa estaba. El 17 de septiembre pasado se acostó a dormir la siesta y no se despertó. Había tenido un ACV, como complicación de la enfermedad de Parkinson que padecía hace un tiempo, según contó Roberto Lavado, uno de sus cinco sobrinos. Pudieron estabilizarlo pero el entorno estaba preocupado. Este miércoles, cuentan sus allegados, amaneció mal y ya no hubo nada que hacer. “Consecuencia de su entrada edad -tenía 88 años- y los temas de salud propios de la misma”, dice Julieta.

En ese barrio tranquilo Quino paseaba todos los días, muchas veces con su sobrino Diego, que lo llevaba, porque Quino andaba en silla de ruedas: tenía problemas de circulación en las piernas y un glaucoma que le había afectado la visión.

Escuchaba las noticias, pedía que le leyeran la prensa argentina y la internacional, leía El País de España y seguía los temas políticos del mundo, había contado Diego en julio, cuando Quino cumplió 88, hubo homenajes virtuales y la familia lo celebró con pasta seca italiana, vino tinto y torta de hojaldre con dulce de leche.

“Se fue tranquilo. El Parkinson lo había complicado mucho en los últimos años pero la pandemia de coronavirus lo fue apagando de a poco”, dijo al diario Uno de Mendoza, su sobrino Roberto, que es abogado penalista como buena parte de la familia que vive en su tierra natal.

Su amigo, el dibujante y escultor mendocino, Luis Scafatti, contó que la muerte de Quino fue sorpresiva para quienes lo frecuentaban en sus últimos años de vuelta en Mendoza. Cree más allá de los problemas de salud y de tener que estar en una silla de rueda, lo que realmente más lo afectó fue la muerte de Alicia, su mujer. “Me contaba lo que extrañaba el tiempo que pasaban juntos charlando, eran muy compañeros”, dice Scafatti, que lo visitaba a menudo.

El Covid y la discreción propia de la familia indican que no será velado y que, como Alicia, será cremado. “La despedida será íntima, en familia”, comenta la ministra de Cultura de Mendoza, Mariana Juri, la primera funcionaria local que, pasadas las 11 de este miércoles, supo de su partida. Hoy el mundo lo llora, pero nos alegrará por siempre.

clarin.

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