A 24 AÑOS DE LA DESAPARICIÓN FÍSICA DE GILDA

Gilda, a 24 años del trágico final de la maestra jardinera que derribó prejuicios y se convirtió en mito

La madrugada del 7 de septiembre de 1996, Miriam Alejandra Bianchi perdía la vida tras un trágico accidente en el kilómetro 129 de la Ruta 12, en la provincia de Entre Ríos. Allí también murieron su madre, su hija, tres músicos de su banda y el chofer del micro que los trasladaba. Esa tragedia, fue el inicio de una leyenda popular que trascendió generaciones y que la elevó a la categoría de mito.

QUIEN ERA GILDA.

Había nacido el 11 de octubre de 1961 en una familia tradicional de Devoto y, si bien vivió varios años en Villa Lugano, se estableció en el barrio de su infancia. Su madre era profesora de piano y su padre empleado público. En 1977, tras la muerte de su papá, debió hacerse cargo de la familia. Un año después, tal como el mandato lo indicaba, se casó con Raúl Cagnin, un pequeño empresario fabricante de escobas que era su novio de la adolescencia; juntos tuvieron dos hijos, Mariel y Fabricio. Hasta acá, puede ser la historia de cualquier chica de clase media de la época, que salta de la casa de sus padres al hogar conyugal y alterna sus días entre las tareas de cuidado familiar y su empleo de maestra en un jardín.

CÓMO COMIENZA SU CARRERA ARTÍSTICA

Todo comenzó a cambiar la mañana que Bianchi leyó un aviso clasificado en el diario en el que pedían vocalistas para un grupo musical. Algo se activó en ella y fue con el recorte en mano a la dirección indicada. En ese departamento en el que tuvo su primera audición, se abrazó a su sueño postergado de cantar y conoció a Juan Carlos “Toti” Giménez, compositor y tecladista de Ricky Maravilla, quien se convertiría en su impulsor, su socio, su compañero artístico y su amor. Junto a él se animó a romper cadenas y mandatos, no sólo puertas adentro de su casa sino también en el ambiente tropical.

CON QUE TUVO QUE LIDIAR EN LA MOVIDA TROPICAL

Los primeros pasos en el ambiente tropical fueron desalentadores. Los hombres dominaban la escena por completo (no sólo cantaban, sino que creaban letra y música) y las únicas mujeres que lograron colarse no tenían nada que ver con ella. Eran épocas de Lía Crucet y Gladys “la Bomba tucumana”: rubias, voluptuosas, con ropa ajustada, transparencias, impronta íntegramente sexual.

SUS MATERIALES, NO LA PASÓ NADA BIEN CON LOS PRIMEROS PRODUCTORES

Primero vino De corazón a corazón (1992), luego La única (1993) y Pasito a pasito… con Gilda (1994). Los primeros productores le quitaron mucho dinero, le ofrecían contratos usureros, no la dejaban crecer. Corazón valiente (1995), ya producida por Leader Música, obtuvo el disco de oro y doble platino. Fue el comienzo de su consagración. Ya era un hecho: Gilda había derribado todos los juicios de valor y había enamorado a todos.

“Nosotros trabajábamos bien a pesar de la crisis económica y era un buen momento para la movida tropical, pero no teníamos un contrato y el productor no nos pagaba lo que correspondía. En esas mini crisis Gilda decía: ‘Yo mañana puedo dejar todo, volver a mis cacerolas, dar clases de gimnasia, hacer una vida normal y voy a ser feliz’. Pero los que estábamos cerca sabíamos que sólo era feliz cuando subía a un escenario”, recordó tiempo después Toti Giménez.

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